La trampa del amor propio

En este artículo te comparto por qué considero que el amor propio es una trampa que al final solo nos trae insatisfacción. Y que en cambio, si aprendemos a amar a los demás, en vez de obsesionarnos por nosotros mismos, nos será mucho más fácil ser felices.
Raziel Tovar

Por qué pensar demasiado en nosotros no nos hace más felices

Comprar la idea de que debemos amarnos primero a nosotros mismos para poder amar a los demás es muy seductora. De hecho es uno de los argumentos más utilizados por Hollywood y las filosofías new age. Sin embargo, en este artículo te comparto por qué considero que el amor propio es una trampa que al final solo nos trae insatisfacción. Y que en cambio, si aprendemos a amar a los demás, en vez de obsesionarnos por nosotros mismos, nos será mucho más fácil ser felices.

Pero antes una aclaración: por amor propio no me refiero al autocuidado y respeto esencial que debemos tener por nosotros mismos, sino a la idea errónea que considera estos dos aspectos como válidos: 1) que para poder amar a los demás primero tenemos que amarnos a nosotros mismos, y 2) que amarnos a nosotros mismos es más importante que amar a los demás.

Fuera de estas dos concepciones no veo ningún problema con amarse a sí mismo, siempre y cuando este deseo motive a la vez el amor por los demás.

¿Por qué es tan seductora la idea del amor propio?

Desear nuestro propio bienestar y felicidad es un deseo innato. No necesitamos esforzarnos para generar esta intención. Todos queremos lograr nuestros objetivos, satisfacer nuestros deseos y cumplir nuestros sueños. Hay una frase de la cultura pop que dice “lucha por tus sueños”. A muchos nos brillan los ojos cuando escuchamos esta frase. Sentimos como si nos hubieran revelado el significado de la vida. Pero no hay nada revelador en esta idea. Si la frase en cambio fuera “aprende a luchar también por los sueños de los demás ” entonces sí que tendría mucho sentido.

La idea del amor propio refuerza el ideal romántico de que somos la persona más importante. Esta idea es muy seductora porque como si de una estrategia de marketing se tratará, pareciera ser que el amor propio viene a resolver nuestro “dolor”. ¿Y cúal es ese dolor? Pues que no somos la personas mas importante del mundo.

Queremos ser siempre los protagonistas, recibir atención, elogios y el reconocimiento de los demás. Sin embargo, muchas veces logramos nuestros objetivos e incluso nuestros sueños y nos seguimos sintiendo igual de insatisfechos o más. Aún así, seguimos obsesionados con satisfacer nuestros propios deseos. Es una tendencia instintiva de nuestro ego que nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos (pero que podemos cambiar).

Corregir esta tendencia es difícil, por que en cambio, generar amor e interés por los demás requiere esfuerzo. Requiere que seamos capaces de reconocer las necesidades de los demás y entender que nuestros problemas no son los únicos, o que incluso son menos relevantes. Pero a las personas del mundo moderno no nos gusta esforzarnos.

Como el amor propio no requiere esfuerzo y en el corto plazo se siente bien es sumamente seductor y adictivo. Es como una droga que alivia nuestros síntomas superficiales causados por nuestra megalomanía. Es comparable a cuando una persona desea bajar de peso, pero no quiero cambiar su estilo de vida ni sus malos hábitos. Si le ofrecen una pastilla que le promete que le ayudará a bajar de peso sin esfuerzo, elegirá seguramente esta opción, a menos que se detenga a reflexionar en lo ilógico que es lograr esto sin experimentar consecuencias negativas.

Porque el amor propio nos produce insatisfacción

Porque mientras más nos obsesionamos con nosotros mismos menos tolerantes somos con aquellos y con todo lo que no refuerza nuestro amor propio. Pero la realidad es que los demás no tienen la obligación de hacernos felices ni mucho menos de elogiarnos o hacernos sentir de tal modo que nuestro amor propio se crea la idea de que nuestro “yo” es único y especial.

Vivimos en un mundo donde todos deseamos ser felices con la misma intensidad. Cada quien cree que amarse a sí mismo (su propia felicidad y bienestar) son lo más importante. De acuerdo con el budismo, incluso los animales y los insectos tiene este deseo. Cualquier que haya tenido alguna mascota y convivido con ella durante algún tiempo puede corroborar que esto es verdad.

En casa de mis padres tenemos cuatro gatos hermosos. Si bien ellos también nos muestran afecto y cariño, es fácil darse cuenta que para un gato ellos mismos son su máxima prioridad. Cuando un pájaro se para frente a ellos, su instinto los impulsa a cazar y matar a estos animales sin detenerse a pensar en su bienestar. Este instinto es también una manifestación de su amor propio.

La diferencia más significativa entre los seres humanos y los animales no es la capacidad de abstracción, sino la capacidad para poder superar este instinto o amor propio que nos impide pensar en el bienestar de los demás a expensas de satisfacer nuestros propios deseos.

El amor propio nos produce insatisfacción porque nos hace luchar contra el mundo tratando de demostrar lo supuestamente importante y valiosos que somos. Bajo esta creencia generamos una visión distorsionada del mundo. Por ejemplo, si alguien nos trata mal, no nos detenemos a pensar que su felicidad también es importante, que tal vez esta pasando un mal momento, y simplemente etiquetamos a todos de forma infantil y les llamamos personas “tóxicas”.

Y ahí empieza un círculo vicioso. El amor propio nos dice que nos amemos más, que nos alejemos de las “personas tóxicas” y así vamos por el mundo clasificando a las persona en buenas o tóxicas en función de sí estimulan o no nuestros nuestro amor propio. Pero este modo egocentrista de pensar solo nos hace sentir cada vez más decepcionados de los demás, y tarde o temprano, creeremos que somos una víctima de las circunstancias o del trato de los demás, cuando en realidad, la felicidad depende de entender nuestra mente.

Porqué amar a los demás nos puede hacer felices

Si cada persona o ser considera a sí mismo que su felicidad es la más importante, entonces podemos pensar lo siguiente sin temor a equivocarnos: — Mi felicidad no es la más importante, tal vez lo sea para mí, pero no lo es para los demás — . Aunque en un principio esto pueda sonar poco alentador en realidad ser consciente de ello nos puede traer mucha paz y ahorrarnos un sin fin de problemas.

¿Por qué? Porque cuando nos relacionemos con los demás y no cumplan todos nuestros deseos o no nos traten como nosotros quisiéramos, sabremos que no lo hacen con la intención de dañarnos, sino que ellos mismo están actuando conforme a lo que creen que les traerá su propia felicidad.

Y si reflexionamos continuamente sobre lo anterior podemos llegar a una conclusión similar a esta:

Dado que todos desean su propia felicidad, no tiene sentido buscar solo mi felicidad, sino que he de esforzarme en ayudar a que los demás también puedan ser felices.

Cuando nuestra mente deja de obsesionarse únicamente por el propio bienestar y empieza a pensar también que los demás son igual de importantes, entonces nuestro corazón se empieza a abrir genuinamente y nos es más fácil ser empáticos con los demás. Incluso naturalmente nacerá en nosotros el deseo de quererlo ayudar a lograr su felicidad y bienestar, es decir, de amarlos imparcialmente, sin importar si ellos nos aman a nosotros también.

Cómo podemos superar la obsesión del amor propio

En mi experiencia el método más eficaz es mediante la meditación y estudiando qué es el amor y la compasión conforme al budismo. Y no es que yo aun haya superado ya la trampa del amor propio, la mente es taimada. Sin embargo, la meditación me ha ayudado poco a poco a comprender de forma sincera que mi bienestar y felicidad no son los más importantes.

Contrario a la idea equívoca de que meditar es poner la mente en blanco, la meditación consiste en familiarizar la mente con estados mentales positivos, como por ejemplo, la convicción de de que todas las personas y demás seres desean ser felices en todo momento y que su bienestar es igual de importante que el que yo mismo deseo para mi.


DISCLAIMER

No estoy en contra de aquellos que promueven el amor propio. Muchos colegas psicólogos hablan de ello y también amigos que son coaches o terapeutas. Sé que lo hacen con la mejor de las intenciones y que con su trabajo están ayudando a muchas personas. Mi crítica no es hacia ellos, pues los respeto a ellos y a su trabajo. Mi crítica es hacia la concepción romántica del amor propio que describo al inicio de este artículo.

 


 

Fuentes:

Gran parte de las ideas aquí expuestas han sido inspiradas por enseñanzas budistas como las que se explican en relación a la mente de estimación propia y la compasión. Para entender realmente estos temas de forma mucho más precisa y cualificada recomiendo ampliamente leer alguno de estos libros:

 


 

Este artículo se publicó también en:
medium.com/@razieltovar_
mindfulacademy.com.mx

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